
En el viaje de regreso de Panamá, donde asistí a la toma de posesión del Presidente Martinelli, repaso algunas
notas que me llegan sobre asuntos internos españoles. En primer término la esperada dimisión del director del Centro Nacional de Inteligencia y la también esperada, aunque extraña, decisión sobre la continuidad de la central de Garoña.
Aparte de ambas cuestiones, que seguro estarán muy presentes en el debate político, me fijo en un dato relacionado con el desfile del Orgullo Gay convocado para el sábado en Madrid.
Es un acto que lleva varios años celebrándose y con respuesta masiva. Por lo que dicen sus organizadores, también este año contará con la presencia destacada de la ministra de Igualdad, Bibiana Aído, más los secretarios de UGT y CC.OO.
Eso es prueba de la consideración oficial hacia las personas homosexuales que -con independencia de que sean, o no, 2.700.000 como algunos calculan-, representan una fuerza económica importante. Son ya una colectividad tan notoria y poderosa que se ha hecho merecedora de críticas e ironías (no de insultos o bromas de mal gusto), igual que otros sectores con relevancia social.
Pero me ha sorprendido que los responsables del acto en Madrid anuncien que esa manifestación estará presidida por el lema Escuela sin armarios.
¿Qué significa ese eslogan? No lo explicitan muy claramente, al menos en la documentación que me ha llegado, pero no cabe duda de que se trata de extender a los escolares el esquema de valores que identifica al colectivo LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales). De ahí que anuncien que a la marcha del sábado asistirán sindicatos de enseñantes implicados en la denominada Diversidad Afectivo-Sexual en la Educación.
Lo de la convivencia que tenga en cuenta el respeto a la diferencia me parece bueno y necesario, pero una pedagogía de la diversidad afectivo-sexual es algo oportuno en los niños y adolescentes según cómo se plantee, pues necesita un acuerdo entre autoridades educativas y familias. Aún así habrá que hacerlo de una forma rigurosa y siempre en el supuesto de que el currículo de Educación para la Ciudadanía no atienda bien ese capítulo.
Ahora bien, provocará polémica y rechazo en algunos sectores que esa línea pedagógica esté impulsada por quienes organizan una marcha del Orgullo Gay que da rienda suelta a desinhibiciones y pasiones, pero en la que también observo procacidades y provocaciones fuera de lugar por herir sentimientos y convicciones que son tan legítimas como las de quienes se exhiben en lo alto de las carrozas del desfile.
Si presto especial atención a este asunto es porque no se trata de una ocurrencia festiva. En la comunidad homosexual -a la que se han adosado otros grupos no heterosexuales- hay de todo como en las demás, pero Me interesa no perderlos de vista. No en vano ya han constituido en España dos asociaciones empresariales, la AEGAL y otra más reciente llamada Cámara LGBT, y en diversos sectores profesionales tienen una presencia destacada por brillante y creativa.