En la campaña promocional de su libro contra la Monarquía, el senador Iñaki Anasagasti está subiendo (o mejor, bajando) el tono de sus descalificaciones no tanto a la institución sino a la persona de Su Majestad.
Y no sé si es el afán de notoriedad o la necesidad de vender ejemplares lo que le ha llevado a rebasar el límite de la coherencia en quien ocupa un cargo electo, el de senador. Así, titula su obra Una monarquía protegida por la censura pero reconoce que no existe censura como tal, sino silencios.
Hace unos días comenté en este blog la difícil justificación de las diatribas de Anasagasti contra mi Augusto Padre, siendo un cargo electo del Senado del Reino de España que está muy bien retribuido. Como también lo fue durante veinte años como diputado al Congreso por su Partido Nacionalista Vasco. Una época en la que, además, trató directamente al Rey.
Que un político republicano desautorice la institución monárquica y proclame las cualidades de la republicana, es algo con lo que cuento y no me procupa. Pero me desazona que un veterano senador nacionalista vasco, para vender libros o para hacerse notar, equipare al Rey de España con Silvio Berlusconi, como ha hecho el otro día en unas declaraciones a Público.
Suelta eso después de una serie de insinuaciones malévolas sobre Su Majestad, su nivel cultural, los negocios, las amantes... todas esas sombras de sospecha que se pueden arrojar al amparo de la libertad de expresión y de la inmunidad parlamentaria.
No tengo clara la intención última del senador Anasagasti, pero como también he recogido en otro post anterior, conforme se acerca el segundo aniversario de la aparición de la desgraciada viñeta de El jueves tengo la sensación de que se multiplican chanzas y agresiones a la Monarquía de muy mal gusto.
Por suerte, no todo el mundo es como este político nacionalista que, por cierto, ya extiende sus descalificaciones a mi esposa, la Princesa, de quien lo más suave que dice es "se lo ha creido demasiado" o que "mantiene una distancia superflua".
Resultan impropias de un cargo público esas críticas personales, tan distintas del talento que se advierte en los comentarios satíricos de la vida nacional que se encuentran en la Red, como esa web lavinagreta.es que publica una supuesta oferta de empleo de contable en el Palacio Real.
Una cosa es que se hagan parodias sobre aspectos anecdóticos de la Familia Real o sobre el funcionamiento administrativo de la Corona, que en mi caso he de saber encajar, y otra soportar expresiones difamantes.