
¡Quién lo iba a decir! La
conjunción de intereses de Rodríguez Zapatero y Pedro J. Ramírez, con las complicidades añadidas de Mariano Rajoy y Luis Mª Ansón, han conseguido lo que no había ocurrido en siglos:
dividir a la nobleza española y que parte de ella solicite la intervención de Su Majestad para poner orden y concierto.
Y todo por una cuestión de igualdad de género aplicada de una manera muy especial,como todo lo relacionado con el director de El Mundo, capaz de defenestrar al director del CNI o a RamónCalderón del Real Madrid y de llevar a Florentino Pérez a la Moncloa, como algunos avisan malévolamente.
Apenas ha trascendido a los medios de comunicación lo que empezó siendo un malestar y ha terminado en protesta de los nobles que, sintiéndose desamparados por la Diputación de la Grandeza de España, se han dirigido por escrito a mi Augusto Padre.
Esa protesta es consecuencia de la Ley sobre igualdad del hombre y la mujer en el orden de sucesión de los títulos nobiliarios aprobada a finales de 2006 y con carácter retroactivo. El efecto más sonoro será el día que Ágatha Ruiz de la Prada y Sentmenat, diseñadora y pareja de Pedro J. Ramírez, sea marquesa de Castelldosrius y Grande de España al amparo de la citada norma. De ahí que sea conocida como ley Ágatha, la misma que acudió a mi boda vestida con los colores de la bandera republicana.
La primera ley que iguala mujer y varón en derechos sucesorios obedeció a la iniciativa de los periodistas Pedro J. Ramírez y Luis Mª Ansón, deseoso el primero de ser pareja de una Grande de España y el segundo de que su esposa legal, Beatriz Balmaseda Arias-Dávila-Manzanos, consiguiera ser condesa de Puñonrostro, y él conde consorte.
Esa norma añadió a su origen tan singular el hecho de que se aprobara con inusual retroactividad, a la medida de los litigios que mantenían ilustres damas, como la diseñadora Ágatha con su tío Santiago de Setmenat, Beatriz de Balmaseda con su hermano Manuel y otras, entre ellas Mercedes Milá o Ana Gamazo, esposa del empresario Juan Abelló.
A esas circunstancias tan especiales Yo añado otra: incurre en desconsideración hacia la Monarquía y, particularmente, hacia Mí como Heredero y mis Hijas, las infantitas. No se ha asegurado legalmente la igualdad en la sucesión a la Corona, pero sí en un grupito de familias.
De este asunto, una especie de gol que metieron a la Corona Pedro J. Ramírez y Luis Mª Ansón con ayuda del Gobierno, me ocupé en este blog cuando se suscitó. La rebelión (siempre discreta) que ahora conocemos y otros problemas ya fueron advertidos a tiempo en el Congreso. Pero nada.
Ahora los nobles afectados, que en su día no recurrieron esa ley, piden a mi Augusto Padre una ayuda que no les pueda dar. El resultado es que Su Majestad se ha tragado, incluso en su día tuvo que firmar, una ley a la medida que interfiere en el régimen de las mercedes nobiliarias, distinciones honoríficas fruto de las seculares Cartas de Concesión del Rey.
Y el resultado, también, es una cascada de disputas y litigios entre los 2.300 miembros de la nobleza a causa de una ley con una finalidad justa -la igualdad de varón y hembra- a la que llega por un camino torcido: su disposición transitoria única que determina la retroactividad tiene casi el doble de texto que los dos únicos artículos que componen la norma.