
Este viernes concluimos la Princesa y Yo lo que es una obligación, ya tradicional, en nuestra agenda de los primeros días de julio: la asistencia a
entrega de despachos a nuevas promociones de las academias militares. Se trata de un compromiso que cumplo con agrado, pese al
calor que se pasa en algunas ceremonias y lo entiendo como parte de la estrecha relación que he de mantener con las Fuerzas Armadas.
Como cadete que fui en mi juventud, me consta la importancia de esa fecha en todo profesional de la milicia. Así se lo enseñé en su momento a mi Amada Esposa, de natural distante a todo lo que tenga que ver con los ejércitos. Lo ha sabido entender y ahí está la marcialidad, dentro de su feminidad, con la que asiste a los actos que estos días nos han llevado a la Escuela de Suboficiales de la Armada, a la Academia General del Aire y a la Academia General de Suboficiales.
En años anteriores en esas ceremonias, ya las presidiera a Su Majestad o Yo como Heredero, nos acompañaba el titular del Ministerio de Defensa, de acuerdo con la preceptiva presencia de un alto representante del Gobierno de la Nación en actividades oficiales del Rey u otro miembro de la Familia Real.
Pero, que Yo recuerde, fue el ex ministro José Antonio Alonso el último que me ha acompañado a las entregas de despacho. No sé por qué motivos especiales la actual responsable de Defensa, Carme Chacón, no ha podido o no ha querido asistir. No quiero pensar que obre así para no coincidir, perdiendo protagonismo, en un acto donde el protocolo le da más relevancia a otra mujer normalmente muy lucida: a mi esposa, la Princesa.
La ministra Chacón, lo digo sin ánimo peyorativo, es muy celosa de su imagen para que ésta ayude a sus legítimas ambiciones. Pero la verdad es que no compite con mi Amada Esposa y, sinceramente, agradecería que estuviera con Nosotros en alguna de estas citas tan emocionantes para los miembros de las Fuerzas Armadas.
Esta semana, por ejemplo, no ha acudido a ninguna de las tres entregas de despachos celebradas, pero visitó y se fotografió en el cazaminas Duero que localiza restos submarinos.