La jornada de ayer ha sido doblemente histórica para la Corona por dos motivos muy distintos. Todos los medios han calificado así la primera visita a Gibraltar de un ministro español que, no se olvide, es ministro del Reino de España. Y casi a la misma hora que el señor Moratinos cruzaba la verja, un juez de la Audiencia Nacional sentenciaba que una pitada a Su Majestad y a la bandera nacional es algo amparado por la libertad de expresión.
¿Es o no es tan histórica la segunda noticia como la primera? La decisión del magistrado Pedraz se veía venir porque no ha hecho más que confirmar la posición del fiscal que pedía la inadmisión de la querella contra los promotores de los silbidos y abucheos contra el himno nacional, la bandera y mis Augustos Padres en la final de la Copa del Rey.
Desde Mi posición no debo apostillar decisiones judiciales, pero me pregunto cuántas pitadas nos esperan a partir de ahora cada vez que Sus Majestades o la Princesa y Yo asistamos a un acto al que acudan nacionalistas exaltados.
Pero más me interesa ahora lo de Gibraltar.
¿Se han preguntado los españoles qué piensa el Rey de España de la visita de un ministro a Gibraltar, colonia del Reino Unido que representa Su Graciosa Majestad Isabel II?
Dejo la pregunta en el aire, pero sí puedo recordar las impresiones que saqué de las enseñanzas históricas y jurídicas que recibí sobre la soberanía del Peñón. De todo lo que me explicaron en mi época de formación lo que más me ilustró fue un análisis político que venía a decir lo siguiente:
Los 6 km2 de Gibraltar no valen un pimiento, salvo desde el punto de vista estratégico y eso lo tienen resuelto los británicos con una base naval con mucha importancia militar, poca dotación y grandes medios tecnológicos. Allí apenas hay sitio para complejos turísticos, caben menos campos de golf que en cualquier pueblo de Murcia. Entonces, ¿para qué nos serviría un Gibraltar español?, ¿qué beneficio le sacaríamos, aparte del orgullo de terminar con tres siglos de usurpación?
Sin embargo -continuaba el análisis político- la población gibraltareña, que no tiene agricultura ni industria y poco turismo, vive bastante bien. Tanto, que allí acuden diariamente a trabajar españoles de Algecuiras y el Campo de Gibraltar. Que la colonia sea un paraíso fiscal, una lavandería de dinero negro es una realidad vergonzosa, pero es la realidad que les permite a los llanitos un nivel de vida superior al de sus vecinos del otro lado de la verja.
¿Cómo va a pretender España que los gibraltareños pierdan sus "fuentes de riqueza" para que se igualen por abajo con los vecinos?
A partir de estas consideraciones, se entiende que el ministro Moratinos haya dicho que de negociar la soberanía, nada de nada. Que hay que arreglar los problemas de vecindad y lo demás ya se verá.