
Prácticamente todas las audiencias oficiales que concedemos en La Zarzuela, empezando por las de Su Majestad, tienen una justificación o explicación objetiva. Así debe ser por razones institucionales y de protocolo, pero no puedo negar que
alguna vez se cuela una audiencia que no se sabe bien a qué viene. O se sabe, pero no interesa decirlo, aunque tanto la Casa como Nosotros estemos al tanto.
Algo así ha ocurrido con el recibimiento, el miércoles pasado, por mi Augusto Padre a una curiosa delegación de la Real Academia Española de Gastronomía. Ésta es una institución gobernada hábilmente por Rafael Ansón, hermano del periodista Luis Mª, profesional de las relaciones públicas y el asesoramiento de imagen, muy reconocido por la facilidad con la que se mueve en lo que algunos llaman tráfico de influencias.
Este Ansón, con gran tenacidad y la ayuda de sus influyentes amigos y clientes, consiguió hace meses que el Rey concediera a su Academia de Gastronomía el título de Real, como las de la Historia, la Lengua o las Ciencias.
Pues el otro día Rafael Ansón fue recibido por el Rey junto al secretario de Estado de Turismo con motivo de... No se especifica ni en la referencia oficial que facilita la Casa, donde alude a cuestiones generales. Lo curioso es que el flamante presidente de esa Academia se hizo acompañar nada menos que de Ferrán Adriá y de Juan Mari Arzac, los dos cocineros españoles más reconocidos internacionalmente. Pero resulta que ni Adriá ni Arzac pertenecen a la Real Academia de Gastronomía.
Entonces, ¿qué pintaban allí? Mi impresión es que se trató de una maniobra o golpe de efecto para buscar la complicidad o el amparo de Su Majestad a la elite de la gastronomía española, de cara a lo que se va a mover en torno al Plan Turismo 2020 que apostará por una imagen de nuestro país apoyada en la alta cocina y en los vinos.
Y eso explica la presencia en la audiencia del secretario de Estado de Turismo, de quien depende aquella estrategia y su correspondiente plan.