Mucho me he cuidado en el viaje a Ecuador para asistir a la toma de posesión del segundo mandato del Presidente Correa, de dejarme llevar por la efusividad e intenso contacto físico en los saludos como acostumbran por allá.
Las alertas que se están lanzando sobre contagio de la gripe A las tenemos muy en cuenta en la Familia Real, pero habrá quien no lo entienda e interprete como altivez la mera prudencia sanitaria.
Cierto que las autoridades que se me acercan de cualquier país iberoamericano son respetuosas con el protocolo debido a una persona de estirpe regia. Máxime si, como en mi caso, represento al Rey de España. Pero, claro, son muy dados al abrazo apretado, más satisfactorio si es con el Heredero de la Corona española que, por su parte, o sea, por la Mía, he de mostrarme cercano a ellos.
Por suerte, a Iberoamérica no ha llegado esa costumbre tan extendida por aquí del beso como única forma de saludo entre mujeres y hombres, cualquiera que sea su rango.
Me hago todas estas consideraciones porque en el viaje a Edcuador me enteré de ese eslogan o mandamiento lanzado por el Colegio de Médicos de Madrid para prevenir del contagio de esta gripe: "No beses, no des la mano, di hola".
Me pareció una iniciativa útil para los chascarrillos populares, pero nada más. Sin embargo, ahora me cuentan que esa advertencia médica contra besos y apretones de manos es algo previamente hablado por la presidenta de los médicos madrileños, Julia Fariña, con la titular de Sanidad. Y no sólo eso, sino que el Ministerio de Sanidad hace suyo ese mandamiento.
Se me abren muchas dudas. En cuanto el Gobierno de la nación, a través del departamento de Sanidad, ordene o recomiende abandonar la secular costumbre de besos, abrazos y estrechamiento de manos, ¿qué haremos?
Por lo visto la doctora Fariña dice que en España somos demasiado sobones y deberíamos aprender a saludarnos como los japoneses.
El asunto no es anecdótico, puede repercutir en algo tan notorio como el Protocolo del Estado, empezando por suprimir la afición del Rey a plantar besos en la mejilla a toda mujer que le saluda.
Ya ha habido quien, con cierta sorna, plantea la revolución de costumbres que se avecina y las que serían escenas prohibidas por la campaña de prevención de la gripe A.
El panorama que se dibuja parece imposible por ridículo: ¿dejarán de abrazarse los futbolistas al celebrar un gol?, ¿los amigos que se reúnen para tomar unas copas habrán de saludarse con un discreto "hola"?, ¿habrá que sustituir el respetuoso estrechamiento de manos por una ligera inclinación de cabeza?