
Estos días pasados la Princesa hacía una observación que me mueve a comentar en este blog algo que prefería pasar por alto.
"¿Te das cuenta, cariño -me vino a decir en un rato de descanso el domingo- de que los programas más sensacionalistas de las televisiones no han organizado tertulias para comentar o criticar la foto de las hijas del Presidente del Gobierno?
¿Tú crees, continuó, que esa misma consideración y respeto es la que muestran hacia Nosotros y nuestras Hijas?".
Mis respuestas a ambas interrogantes fueron, sucesivamente, afirmativa y negativa. Continuamos aquella conversación buscando los motivos de la exquisitez de la televisión basura ante el empeño del Presidente a que de sus hijas no se conozcan ni los rostros. Y, cómo no, eso lo analizamos contemplando el acoso de los reporteros a miembros de nuestra Familia. Pero no debo exponer aquí las conclusioines a las que llegamos.
A mi entender, el incidente de la dichosa fotografía de grupo puede calificarse de desgraciado, y no sólo por las maliciosas versiones gráficas a que ha dado lugar sino por sus aspectos institucionales, diplomáticos y protocolarios.
A la primera pregunta de si el Jefe del Ejecutivo hizo bien llevando a sus hijas a una recepción oficial que da en su territorio un Jefe de Extado extranjero, la respuesta está en los cientos de fotografías de aquel acto colgadas en la web del Departamento de Estado. Los invitados acudieron solos o con acompañante, no con la prole.
Se dirá que el señor Obama se hace acompañar de su esposa e hijas en frecuentes actos públicos. Eso tiene una explicación: en los Estados Unidos existe formalmente el puesto de Primera Dama, la esposa del Presidente, pero en España la mujer del Jefe del Gobierno sólo merece una consideración protocolaria y una mínima asistencia administrativa. En la primera potencia, además, juega un papel simbólico la llamada Familia Presidencial.
En España no carecemos de esas representaciones, están incardinadas en la Monarquía. Aquí no hay Primera Dama, pero tenemos una Reina que es algo más que la acompañante del Rey y con un papel descrito en la Constitución. Además existe la Familia Real (familiares directos del Rey), con una consideración institucional y no sólo protocolaria, donde cada uno cumple las misiones oficiales que le encomienda Su Majestad.
Por lo tanto, desde los puntos de vista institucional, protocolario y diplomático no son equiparables la familia del Presidente de los Estados Unidos de América (allí Jefe de Estado y de Gobierno) con la familia del Presidente español, que es Jefe de Gobierno y no de Estado. Ni esta última con la Familia Real.