
Como miembro de las Fuerzas Armadas Españolas, con carrera en tierra, mar y aire, participo de la impotencia que sienten tantos compañeros de armas ante el conflicto abierto por el secuestro del atunero vasco Alakrana en el Índico.
Entiendo las explicaciones de la ministra de Defensa, cuando asegura que no podemos desplegar allí un dispositivo semejante al de Francia, que cuenta con una base naval, y que nos cuesta 75 millones de euros la participación en la operación europea de vigilancia Atalanta.
Pero entiendo también las reclamaciones de los armadores españoles, cuando piden llevar en sus barcos infantes de marina armados para repeler los abordajes de los piratas somalíes. Esto último no es legalmente posible pero la norma podría reformarse, cosa que ha rechazado el Congreso de los Diputados en una reñida votación en la que el PSOE hizo prevalecer su negativa.
Lo que entiendo menos es que la titular de Defensa aconseje a los barcos españoles que contraten seguridad privada, o sea, unos vigilantes jurados que podrían ir provistos de armas semipesadas. ¿De dónde saldrían esos agentes privados, de las compañías de seguridad y escolta que todos conocemos, sólo adiestrados en el uso de armas ligeras? ¿Cómo adquirirían ametralladoras fijas o lanzagranadas? ¿Quizás habría que contratar a esos exmilitares que trabajan de mercenarios allí donde mejor les paguen?
Sé que la solución ante secuestros como los que se producen en aguas somalíes no es sencilla, ya se utilice mano dura o mano blanda. Pero, junto a la sensación de impotencia que refería antes, también me asalta la duda sobre algún aspecto de la política de este Gobierno en materia de Defensa.
Me parece, así, algo confuso e insuficientemente explicado a la sociedad española, la brusca novedad con la que se afronta este año la conmemoración del 12 de octubre.
Lo que está establecido como Día de la Fiesta Nacional, semejante al que tienen todas las naciones, la ministra Carme Chacón lo quiere convertir en jornada de promoción de las Fuerzas Armadas. Cuando siempre ha habido otra fecha, en el mes de mayo, dedicada específicamente a homenajear a nuestros Ejércitos.
No tengo claro que resulte acertado reducir el concepto de nación a su dimensión militar, aunque ésta se edulcore con la campaña protagonizada por la actriz Concha Velasco, el deportista Vicente del Bosque y el gastrónomo Ferrán Adrià. Me temo que, so capa de enaltecer un aspecto tan patriótico como las Fuerzas Armadas (de las que se disimula su auténtico carácter en uso del monopolio de la fuerza), se desvanezca el verdadero sentido de España como nación, más global y más compartido por los ciudadanos.