No comento en este blog asuntos de índole familiar, salvo en los casos que tengan algún perfil institucional o repercusión pública notoria. Pues eso es lo que pasa con la coincidencia en la publicación en los medios de ciertas versiones sobre un pronto desenlace de la situación conyugal de mi Querida Hermana mayor.
Lo que ocurre es que esos comentarios aparecen, como en el caso del diario El País, mezclados con otras consideraciones sobre el papel cada vez más relevante que está adquiriendo la Princesa, en detrimento de mis Hermanas. Y ello se interpreta en clave de mal rollo o tensas relaciones de mi Amada Esposa con sus cuñadas.
Está claro que se avecina una temporadita de excesivo chismorreo sobre la Real Familia. Pero vayamos por partes. Es lógico, natural e institucionalmente positivo que la esposa del Heredero, además de cumplir con su función maternal, vaya teniendo una presencia pública creciente, bien sea acompañándome en parte de Mi intensísima actividad o cumpliendo compromisos específicos de la Princesa. Lo que ahora llaman agenda propia.
Toda Mi Familia sabe perfectamente que eso es ley de vida y positivo para la continuidad de la Monarquía, luego no caben celos de protagonismo. Otra cosa es que cada persona somos una individualidad, con nuestra propia idiosincrasia y no todos congeniamos a la perfección con todos, ni siempre nos complementamos.
Por lo tanto, lo de la notoriedad ascendente de la Princesa es una cosa y su consideración como celebrity metida en pugnas o envidias, otra.
Menos aún corresponde asociar ese asunto a lo que vaya a ser decisión definitiva sobre el matrimonio de los Duques de Lugo. Mucho se comenta sobre las pretensiones o condiciones del aún esposo de mi Hermana para acceder al divorcio, todas ellas relacionadas su estatus nobiliario y sus ingresos económicos.
Es ese asunto delicado en el que no debo hurgar y que han de resolver los asesores legales. Pero sí debo aclarar que siendo la Infanta titular del Ducado de Lugo, un ex marido no podría ostentar ese título en condición de consorte. ¿Qué se empeña en llevar un título? Eso es algo que Su Majestad podría considerar, pero que difícilmente sería de duque o de conde, sino más bien de vizconde, marqués o barón y sin llevar aparejada Grandeza de España.