
Antes de comenzar esta emocionante (y algo agotadora) jornada de la ceremonia de los Premios Príncipe echo un vistazo, como todos los días, al resumen de prensa que siempre tengo preparadop al punto de la mañana. De todas las noticias, me sorprende la de esa iniciativa para
cambiar en Cataluña la denominación de las vacaciones de Navidad y de Semana Santa.
La Consejería de Educación de la Generalitat tiene sobre la mesa una propuesta del Consejo Escolar de Cataluña para que esos periodos de ocio pasen a denominarse vacaciones de invierno y vacaciones de primavera. Es decir, eliminar su origen ligado a las conmemoraciones más importantes del cristianismo: el nacimiento de Jesús y su Crucifixión.
Como digo, hoy no tengo tiempo para detenerme en indagaciones y por eso he pedido al personal de la Casa que me amplíen la información sobre la motivación de esta propuesta de cuatro páginas que ha salido del organismo que agrupa a asociaciones de profesores, padres y empresarios de la enseñanza en Cataluña.
Estoy sorprendido e intrigado a la vez, porque los primeros datos aparecidos en prensa hablan de que el Consejo Escolar considera ese cambio un primer paso "hacia una distribución más racional de los períodos lectivos y de descanso". A Mí esto último me parece muy buena idea, pero ¿no sería más lógico buscar esa racionalidad por la vía de acompasar las jornadas lectivas y las vaciones escolares con los horarios y vacaciones laborales?
Pienso que el problema de la falta de racionalidad está en los problemas que se plantean a los padres cuyos hijos menores tienen varias semanas al año de vacaciones mientras ellos han de acudir a sus trabajos.
Eso sí que representa un problema para conciliar la vida laboral con la familiar, que no se resuelve cambiando "Navidad" por "invierno" y "Semana Santa" por "primavera". Al parecer en el fondo de esta propuesta también late un deseo de adaptar la vida y las costumbres académicas a la multiculturalidad que se observa en los colegios catalanes, con alumnos hijos de inmigrantes.
En realidad, cuando se habla de multiculturalidad se alude de una manera eufemística a la pluralidad religiosa; y cuando se habla de ésta, en realidad se trata de catolicismo e islamismo, pues la presencia de otras confesiones es muy minoritaria.
Sería muy conveniente que la Generalitat, caso de hacer ese cambio lo explique con toda claridad a la población y diga si lo hace por laicidad o por multiculturalidad. Por racionalidad de horarios no lo parece y no vaya a ocurrir que so capa de agradar a una cultura de origen musulmán se agravie innecesariamente a una cultura de origen cristiano.