
La coincidencia en la aparición de dos libros -junto a las especulaciones sobre los secretos que el general Sabino haya podido llevarse a la tumba o quizás haya dejado autorizada su publicación-, vuelven a
poner en el candelero los asuntos menos conocidos de la Corona. Concretamente, episodios en la biografía de Su Majestad que nunca había visto la luz.
La primera de las publicaciones corresponde a Pilar Urbano, una reedición de La Reina muy de cerca con un amplio epílogo titulado Secretos de mi escritorio, para prolongar las buenas ventas del aparecido hace un año rodeado de polémica. Dedica el epílogo al debate que se suscitó entonces sobre la veracidad de los testimonios puestos en boca de mi Augusta Madre. Mi consideración hacia esa veterana periodista, seria en su trabajo, no obsta para que este nuevo libro me parezca que obedece más a legítimos intereses comerciales que a aclarar graves cuestiones pendientes.
Lo que me sorprende es que una persona como Pilar Urbano, que tan bien conoce los entresijos de la Monarquía española, se sume a esas voces que hablan de la abdicación de Su Majestad en el Heredero. Y fuera del libro lo hace con estas palabras: "Esta monarquía tiene que cambiar de estilo. No pasa nada por abdicar. Hay que revitalizar la institución. Hay cosas que modificar, como que el Príncipe tenga Casa propia".
O que también se apunte al coro de quienes insisten en las malas relaciones de la Princesa con mis Hermanas.
El otro libro al que me refiero sí tiene más enjundia política, por cuanto desvela con testimonios que imagino serán solventes el deterioro de las relaciones de Su Majestad con Adolfo Suárez durante el último año que éste ocupó la Presidencia del Gobierno.
Se titula Suárez y el Rey, ha sido galardonado con el último Premio Espasa de Ensayo y el autor es un periodista, Abel Hernández, persona muy cercana al ex jefe del Gobierno y su familia.
De todo lo que se cuenta en esta obra en torno al papel político desempeñado por la Corona, me resulta algo inquietante lo que confirma sobre cómo el desapego del Rey hacia Suárez (que el 1980 ya sufría los primeros toques de su enfermedad) le llevó a hacer caso a las teorías de Alfonso Armada para formar un gobierno de salvación nacional, presidido por el propio general, que para colmo contaba con cierto asentimiento del PSOE. Y en el que no faltaría una cartera para Luis María Ansón.
La Historia, con todas sus sorpresas, es necesario cococerla, pero en este tipo de asuntos prefiero que se espere un tiempo hasta que la primera sucesión en la Monarquía constitucional se produzca con toda normalidad.