
Reconozco que respiré tranquilo cuando supe que sería mi Augusto Padre quien acudiera a la ceremonia de entrega de premios internacionales del diario El Mundo. No sé por qué, pero nunca me siento del todo cómodo con el director y alma de ese periódico, Pedro J. Ramírez, y la Princesa menos aún.
Pero resulta que si hubiera asistido se habrían evitado situaciones algo desagradables para Su Majestad. Una de ellas que, como ya ha ocurrido en otras ocasiones, durante uno de los discursos de aquella cena de gala, Su Majestad no pudo vencer el sueño, llevándole a dar varias y visibles cabezadas que captaron las cámaras y algunos programas televisivos se han apresurado a emitir.
Se trata de un suceso anecdótico pero que los medios de comunicación engrandecen como si se tratara de una debilidad o una limitación física de nuestro Rey. Yo no le veo mayor trascendencia institucional ni protocolaria. Otra cosa es que, personalmente, no tengo más remedio que interpretar las imágenes de Su Majestad vencido por el sueño como avisos de que el tiempo pasa: mi Augusto Padre ha de reducir su actividad y Yo, como Heredero, he de aumentarla.
Sin relación con esas cabezadas, la presencia del Rey en el acto de El Mundo también ha servido para que unos medios critiquen la pretenciosidad del periódico titulando en su primera página El Rey elogia el 'periodismo de calidad, crítico y responsable', en el aniversario de El Mundo. Otros aprovechan para recordar antiguos conflictos de Pedrto J. con mi Augusto Padre. Y, finalmente, Jiménez Losantos aproveche -cómo no- para sus conocidas andanadas contra la figura de Su Majestad.
Aunque dentro del espacio de humor del grupo Risa en su emisora, Losantos hace consideraciones del tipo "Me llama la atención que está allí el Rey, que tiene un peligro tremendo (...) ¿No irá a cargarse El Mundo como trató de cargarse la Cope?". Todo ello dentro de un espacio radiofónico donde una voz que imita la de Su Majestad pone en su boca comentarios ridículos, cuando no ofensivos.