De una u otra forma, a través de los informes y análisis que se hacen en la Casa o por el propio seguimiento de los medios informativos (tarea a la que dedica más atención la Princesa), Me llegan noticias de todo lo que se debate en la opinión pública, también de informaciones menos conocidas pero igual o más relevantes.
Una de ellas, que no pertenece al ámbito de reserva en el que Me muevo, se refiere a lo que parece una contradicción en las autoridades sanitarias sobre el uso de la píldora poscoital.
Hace pocos días se ha liberalizado su venta, de manera que ya se dispensa en farmacias sin necesidad de receta y a toda persona sin límite de edad. Por lo visto hay profesionales de farmacia que se niegan a venderla en esas condiciones, hasta el punto que en Cataluña podrán acogerse a la objeción de conciencia.
Pero el dato que apenas se ha difundido públicamente es que el propio Ministerio de Sanidad que ha dictaminado la libre comercialización de la píldora del día siguiente (dice mi Amada Esposa que lo de "píldora del día después" es una incorrección lingüística), mantiene criterios contrapuestos sobre este fármaco.
Así, la campaña informativa del departamento de Trinidad Jiménez sobre la dispensación de la píldora poscoital, la presenta como un "anticonceptivo de urgencia" consistente en "un medicamento hormonal que impide o retrasa la ovulación" con unos efectos secundarios "poco frecuentes, débiles y desaparecen rápidamente. Pueden aparecer náuseas, dolor de cabeza y desarreglos menstruales".
Esas explicaciones sobre el fármaco de venta libre no se corresponden en su literalidad con las que incluye la todavía vigente campaña ministerial denominada yopongocondon.com, donde recomienda disponer de información adecuada sobre esa píldora porque, afirma, "no es un método anticonceptivo sino una medida excepcional de emergencia, ya que no es inocua (...)".
Además, la campaña oficial sobre salud sexual vigente desde 2006 insiste en uno de sus puntos: "La anticoncepción de emergencia no debe considerarse un método anticonceptivo habitual dado que requiere una mayor dosis hormonal, tiene efectos secundarios (nauseas, vómitos) y una menor eficacia a largo plazo".
A la vista de tan diferentes definiciones y, sobre todo, consideraciones sobre las consecuencias del consumo de este fármaco, entiendo las reacciones entre farmacéuticos.
Lo que no me explico es cómo el Ministerio de Sanidad y las Consejerías correspondientes de las comunidades autónomas no se pronuncian de una manera clara y unívoca sobre esta píldora que van a consumir tantas jóvenes y adolescentes. Es urgente aclarar pública y oficialmente las dudas, que en el propio Ministerio asoman, sobre esta píldora poscoital.